
Melancholia
Miro la pantalla con constancia frugal,
el fin al otro lado de la puerta y yo
sin poder escribir la épica definitiva
en el fondo nunca pude dejar de hablar de mí.
El cielo hace días viró al azul, se definió por la noche.
Saqué a mi hijo desesperada a pasear un rato
la última semana que tuvimos sol.
Creo que sabe todo, me deja abrazarlo fuerte.
Tomamos la calle de los cerezos,
nos reímos aplastando contra la vereda
frutos machacados, pasados de maduros.
Ahora mismo lo escucho no poder dormir,
balbucea el tren fantasma de sus pesadillas.
No me muevo, no puedo ayudarlo en nada
perdí todo contacto con el sentido, la fe en el consuelo:
tu casa un día es un refugio y al siguiente una mentira más.
Corro la cortina, el viento despeina los sauces,
enreda lo peor de mis teorías.
Si todavía me preguntan, el fin va a ser una fiesta
que esperamos juntos. Una terraza ventosa, vino burbujeante,
manos entrelazadas, cantar un himno.
En el establo hay stock desmesurado
de botellas de agua, latas de conserva,
una radio de supuesta indestructibilidad.
Mi marido lleva meses guardando todo
minimiza la potencia del impacto, tiene confianza en la ciencia
y gran voluntad de calmarme pero no el don.
Yo batallo contra mi neurosis
mido la cercanía del enemigo
imprimo el itinerario de nuestro planeta. Se acabó,
la Tierra está sumida en la melancolía.
Profeso la paz desde palabras sueltas
me enamoro de los tics que tiene una loca.
No vamos a estar nunca del todo listos,
mi hermana ahora corre en el jardín
el miedo la para en puntas de baile,
ella era la más perfecta
dueña de la belleza, ahora nos construye
cuevas mágicas, abandona antes de tiempo
la comodidad del privilegio, se tira sobre el pasto,
y en sus destellos de lucidez nos promete amparo
se esconde, se echa a perder.





